"Violetera" por Mayra Montero

10-Febrero-2008 Por Mayra Montero
Antes que llegue el lunes
Violetera

Acabo de leer las 20 páginas de las que consta el Proyecto del Senado que propone reglamentar la profesión de floristas y diseñadores florales en Puerto Rico. He llorado (de la risa) como pocas veces en mi vida. Lo imprimo y lo guardo, es la obra cumbre de la imbecilidad legislativa. A menos que se trate de una broma. Eso también me lo pregunto: ¿es un chiste de fin de temporada? Porque si no es un chiste, el país atraviesa una situación muy grave. Gravísima. Reza la exposición de motivos: “Nada iguala los sentimientos y las emociones que logra despertar la belleza de las flores... cuando se presentan de manera profesional, con alto diseño y estilo”.

O sea, que el infeliz que arranca una florecita, o veinte, y las pone en un búcaro y las acomoda más o menos con algún forraje para regalarlas con su mejor intención, no despierta emociones. Y es que, según el Proyecto, “las flores pueden resultar peligrosas para aquel que desconoce su manejo correcto. Los riesgos de enfermedad y foco de infección que podemos desarrollar con un mal uso, son altos”.

Me lo imagino. Todos los años mueren decenas de personas por el uso incorrecto de las flores. Supongo que la senadora Arce Ferrer, quien presentó esta pieza, debe tener una lista impresionante de muertes ocurridas en tales circunstancias: azucenas que se nos atragantan, lirios calas que nos caen en el pie, magnolias que provocan úlcera y, la peor de todas, la comemoscas, una flor asquerosa que traga las alimañas, pero que de paso nos muerde el dedo.

¿Esto es serio? ¿De verdad que a esa gente les pasan cosas así por la cabeza? Es inaudito que sean tan ridículos, tan oportunistas después de todo, porque a saber a quién quieren beneficiar con la mamarrachada esta de la colegiación de floristas. Entonces proponen cárcel de seis meses y multas de $500 a quien se atreva a preparar un arreglito y lo ponga a la venta, un suponer, en el colmado de la esquina. Y a la floristería que se atreva a emplear a una persona sin licencia, le meterán $10,000 de multa por infracción.

El Gobernador, a sus múltiples ocupaciones, deberá añadir la de nombrar a los miembros de la Junta Examinadora de Floristas, con el consejo y consentimiento del Senado. Es decir, con el consejo de la senadora Arce Ferrer, una mujer que suele llevar una quincalla entre la solapa, el cuello y las orejas, y que, estéticamente, es en sí misma un atentado a la salud.

Pero si hay algo fundamental en este entuerto -donde la senadora se proyecta- son las dietas. Los miembros de la Junta tendrán derecho a una dieta de 50 dólares por cada día, o fracción de día, que asistan a una reunión. También tendrán derecho a que les reembolsen los gastos de viaje “necesariamente incurridos para el desempeño de sus funciones oficiales”. ¿Pero qué funciones, por favor, qué es esto?

Los que no tengan diploma de cuarto año, o no aporten un certificado de antecedentes penales, o sean “ebrios habituales”, o no tengan 75 dólares para regalarlos a la Junta, que se olviden: no podrán poner ni una miramelinda en un florero. Pero además de todo eso, tendrán que aportar evidencia de haber tomado los cursos que impone la Junta para poder expedirles la licencia, y encima presentar un certificado de salud. No sólo es una ridiculez, es algo peor: estos senadores tienen la burocracia metida en la sangre y ese afán de controlar, de dirigir a la gente, de amarrarla corto. Y luego, no hay una neurona que les funcione como es debido. ¿En qué cabeza cabe, por ejemplo, que a una doña que tiene su destreza natural para preparar arreglos o adornar un salón, de repente la obliguen a meterse en esa vorágine kafkiana? ¿En qué cabeza cabe que si la doña hace caso omiso de la “ley” y sigue preparando flores, se le aparezcan en la casa, le metan una multa y seis meses de cárcel?

Este papelón, esta porquería de proyecto, ya le ha costado dinero al erario. Creo que lo han llevado a discusión tres veces, la última en la sesión del martes 22 de enero. Esas son las cosas que discuten ellos: gente desfasada, que inventa proyectos risibles, que cubre de vergüenza al país y que llega a espantarnos por una razón muy simple: con la misma facilidad con que han propuesto “regular” y machacar a los floristas, mañana podrían proponer “una regulación” a la entrada de libros o de ciertas películas que consideren peligrosas. Si por ellos fuera, si de verdad tuvieran la última palabra y patente de corso para imponer las leyes que les da la gana, aquí no se podría ni respirar.

Olvidaba decir que, según el proyecto de la senadora Arce, un incapacitado mental tampoco podrá dedicarse a las flores. El memo que pone un girasol al lado de un geranio, y se babea mirándolos, no recibirá licencia. Pero en cambio podrá aspirar a un escaño en la Legislatura. Sale ganando.

Tomado de: http://www.elnuevodia.com/diario/columna/360599

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