Poemas de José de Diego

POMARROSAS


En las orillas de los viejos ríos,

que llevan sus corrientes rumorosas

por los bosques recónditos y umbríos,

nacen las pomarrosas

pálidas, escondidas y aromosas,

lejos del sol, como los versos míos....

En el suelo feroz, que al agua inunda,

yérguese el tronco en la raíz profunda,

al son perpetuo del raudal sonoro;

¡y absorbe, en cada poro,

el jugo que le nutre y le fecunda

y el resplandor de sus manzanas de oro!

Como los astros, al tocar su meta,

brillan las pomarrosas reflejadas

en el móvil cristal de la onda inquieta....

¡y como las granadas

y como las canciones del poeta

flotan sobre la tierra coronadas!

¡Oh, fruto, en que la flor se transfigura,

sin dejar de ser flor! ¡Tierna hermosura,

que la fragancia con la miel reparte,

y es perfume y dulzura

y símbolo, en que muestra la natura

la virginal maternidad del arte!

¡Cuán misterioso de la tierra el seno!

La sombra de la muerte se difunde

en el abismo, de amarguras lleno...

¡El tártago se hunde

y, en vez de néctar de la vida, infunde

y alza a la flor maléfica el veneno!

Mas, no la pomarrosa, que transmuta

en rica savia y en potencia fuerte

la ponzoña que infiltra la cicuta...

¡Así mi alma convierte,

como el arbusto de la blanca fruta,

la sombra en la luz y en la navidad la muerte!

¡Amor!, ¡Dolor!, ¡Corriente combatida!

¡Esperanza inmortal!, ¡Anhelo santo!

¡Ondas de mi alma y ondas de mi vida!

¡Fecundidad del llanto!

¡Renacimiento de la fe perdida!

¡Pomas del bien y rosas de mi canto!

¡Bendecid a las áureas pomarrosas,

que en las orillas de los viejos ríos

se elevan escondidas y aromosas!

¡Amad los desvaríos

del alma triste que, en los versos míos,

saca los frutos del abismo en rosas!


EN LA BRECHA


¡Ah desgraciado si el dolor te abate,

si el cansancio tus miembros entumece!

Haz como el árbol seco: reverdece

y como el germen enterrado: late.


Resurge, alienta, grita, anda, combate,

vibra, ondula, retruena, resplandece...

Haz como el río con la lluvia: ¡crece!

Y como el mar contra la roca: ¡bate!


De la tormenta al iracundo empuje,

no has de balar, como el cordero triste,

sino rugir, como la fiera ruge.


¡Levántate!, ¡revuélvete!, ¡resiste!

Haz como el toro acorralado: ¡muge!

O como el toro que no muge: ¡embiste!

No hay comentarios: